Editorial: ¿Y si sí? de Carlos Hermosillo, Presidente de Coparmex Cuauhtémoc
Hay frases que nacen para un momento específico y terminan convirtiéndose en una forma de vida. Durante este Mundial de Futbol una de ellas logró conectar con millones de personas: “¡Y si sí!”. Lo que comenzó como un grito de esperanza terminó siendo una invitación a creer que, aun frente a la incertidumbre, siempre existe la posibilidad de construir un mejor futuro.
Hoy esa idea cobra un significado especial para México. La economía mundial atraviesa cambios profundos. La decisión de Estados Unidos de no refrendar el T-MEC abre un escenario que exige prudencia, preparación y visión de largo plazo. Sería ingenuo ignorar la incertidumbre, pero sería un error aún mayor permitir que nos paralice.
La historia demuestra que el empresariado mexicano ha encontrado en las crisis su mayor capacidad de transformación. Cada reto ha impulsado innovación, productividad y resiliencia. Las empresas no crecen porque el entorno sea sencillo; crecen porque quienes las dirigen toman decisiones, generan confianza y encuentran oportunidades donde otros solo ven dificultades.
Por eso el “¡Y si sí!” merece quedarse más allá del Mundial. No como una frase motivacional, sino como una actitud. Aunque muchos empresarios tenemos plena consciencia de lo que debemos hacer, y lo hacemos, vale la pena siempre preguntarnos ¿Y si sí podemos fortalecer nuestras empresas? ¿Y si sí invertimos más en capacitación, innovación y liderazgo? ¿Y si sí mejoramos las condiciones laborales de nuestros colaboradores? ¿Y si sí fortalecemos a las familias mediante el empleo formal y el desarrollo económico?
En COPARMEX creemos que las respuestas comienzan dentro de cada empresa. Cuando una organización invierte en su gente, fortalece a las familias. Cuando mejora su productividad, impulsa la competitividad regional. Cuando actúa con responsabilidad social, contribuye a una comunidad más estable y con mayores oportunidades.
Cuauhtémoc ha construido su prestigio precisamente sobre esos valores: trabajo, esfuerzo, colaboración y visión de largo plazo. Esa cultura empresarial nos ha permitido superar escenarios complejos y seguir siendo una región dinámica y productiva.
Hoy debemos concentrarnos en aquello que sí está en nuestras manos: innovar, prepararnos mejor, impulsar el talento, fortalecer el diálogo y construir empresas más competitivas y humanas. Ahí comienza el cambio.
Que el “¡Y si sí!” deje de ser únicamente el recuerdo de un Mundial y se convierta en una convicción permanente. Porque cuando empresarios, colaboradores y familias avanzan con un propósito común, los desafíos dejan de ser un límite para convertirse en el punto de partida de nuevas oportunidades. Ese es el México que podemos construir. Y sí, también el Cuauhtémoc que queremos seguir impulsando.